"Se alimentan de hongos"


Para llegar hasta la profundidad de la cueva, "los bioespeleólogos bajaron desde una entrada a 2.500 metros de altura sobre una montaña. Es una cueva muy vertical", señaló a BBC Mundo el experto de la Universidad de Navarra.
"A partir de ese agujero se va bajando. Hasta los 1.400 metros se dice que es una cueva aérea porque no hay problemas de inundación, pero a partir de 1.400 metros hay sifones que hacen que se retenga el agua y los investigadores deben ponerse trajes de buceo para salvar esa parte inundada".inexplorada".


Para llegar hasta la profundidad de la cueva, "los bioespeleólogos bajaron desde una entrada a 2.500 metros de altura sobre una montaña. Es una cueva muy vertical", señaló a BBC Mundo el experto de la Universidad de Navarra."A partir de ese agujero se va bajando. Hasta los 1.400 metros se dice que es una cueva aérea porque no hay problemas de inundación, pero a partir de 1.400 metros hay sifones que hacen que se retenga el agua y los investigadores deben ponerse trajes de buceo para salvar esa parte inundada".inexplorada".
Para Baquero, lo que más llama la atención es "la presencia de animales a esa profundidad porque han tenido que llegar desde el exterior hace miles de años. La cantidad de alimento es mucho mas difícil aunque no tienen demasiados depredadores. Es una apuesta de la vida que haya animales que se han adentrado tantos metros dentro de una cueva".
nidades estables de artrópodos que existen en las cuevas", explicó Baquero.
Sensores químicos
La flecha marca la entrada a la cueva por la que descendieron los científicos. Foto: Sofía Reboleira
El grupo de los colémbolos es conocido en inglés como springtail o cola de resorte, "porque tienen un apéndice impar bajo el cuerpo y cuando se sienten amenazados lo despliegan de golpe y son capaces de saltar 40 o 50 veces la longitud de su cuerpo, es como si nosotros saltáramos 100 metros".
Debido a que no tienen ojos, sustituyen esa sensibilidad por terminaciones nerviosas cubiertas de una pequeña capa de piel con pequeños agujeros por los que entran las sustancias químicas.
La flecha marca la entrada a la cueva por la que descendieron los científicos. Foto: Sofía Reboleira


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